Ahora mismo he regresado del circo

Ave Asán

Querido interlocutor,
querido espectador, 
apreciado público
señores con nombres forrados
y colas interminables de epítetos
menciones honoríficas
artículos, tesis 
y blogs pasionales sobre sus innumerables y dudosas obras,
Buenas tardes.
Hace pocas horas, les cuento,
que estuve en un espectáculo sin igual, 
de esos, ustedes saben, de los que se sale converso, 
transfigurado en docenas de revistas y alaridos de ambulancias,
pero sobre todo, convencido
de que la vida antes no pod[ia valer nada. 
Me intercepté con un auditorio abarrotado de autoridades 
unos poetas intentaban contabilizar la cantidad de impuestos del rector,
unos niños pequeños 
trazaban con sus lapices dorados retablos y berrinches 
sepultados por los oídos de sus respectivos guardas de seguridad personal,
otros perros asustados
correteaban al final del pasillo y se dejaban caer engordecidos hacia los elevadores.
Yo como siempre, intenté escapar,
pero una interminable fila de lamentos cortó los lazos, los puentes, 
los pronombres y las voces de los mismos puentes.
Han de creer ustedes que empezó un discurso: 
una máquina de esas que sacan juguetes de vitrinas de tiendas
tomó del cuello a un niño 
denominado, para variar, desde la otredad, 
                                                                      (o algo así
                                                                      por el virus pegajoso de sentir lástima)
Colgando del techo
sus palabras ahogadas por el garfio solo dejaban escapar
sonetos de periódico.
Todos , ahora focas
aplauden sin cesar. 
Solo me acuerdo de los videos viejos
del hombre elefante que es llevado al circo
con una bolsa en la cara
o de la gente que llegaba a ver
a pigmeos encerrados en un corral, 
como si de extraterrestres se tratase, 
solo que ahora, disfrazados estos, los actos, con lo inclusivo.
No lo sé.
Acto seguido, con el niño ahí en malabares 
Un grupo de directores, en coro, 
ladraron, como graznido de autos al atardecer, 
palabras que he decido enmudecer, por la necesidad inmediata de salir del auditorio
y venir a casa, por supuesto, a ver semejante acto desde la tele.
Un artista 
terriblemente ofendido por el acto
decide llamar a los medios de comunicación.
Ustedes pensaran que es por el niño que cuelga
                                                            --Tranquilos, 
                                                              al final del cuento,
                                                               nadie sale herido
                                                              El garfio tiene anestesia 
                                                              y un efecto de cosquillas   
                                                              que regresa como nuevas a las víctimas.
 
Pero tras los pies que se agitan
Una increíble escultura
alimentada por los perfumes de cucaracha y estiércol
es vilmente irrespetada.
El artista en cuestión corre con una brocha 
por todos los medios de comunicación, 
para, en todo su poder de artista, ser supremo intocable, 
llorar frente a nuestras cámaras que por semejante falta de respeto,
y deicr que merece cuatro millones de colones.
Insuficientes para pagar su integridad
 
                                                                    El niño sigue colgando, pero ahora resignado. 
 
Aprovecho y huyo. Todos distraídos 
se dan cuenta que el niño puede ser parte de la vieja obra de arte,
aunque no logran convencer al artista y el acto se prolonga por horas de horas
y son llevadas al sistema de burocracias sus quejas.
Entonces, 
como les iba diciendo, 
querido público presente,
el asunto es que ahora mismo he regresado.