El suburbio

José Domingo Gómez Rojas

Silenciosos, trágicos como cuchillos,
tósigos amargos como el vino turbio:
son los dramas tristes de los conventillos,
son los dolorosos dramas del suburbio.

 
Dedicatoria: sea este un saludo al intelec-
tual sincero:
Alberto Ghiraldo de quien estoy
separado por los gigantes Andes y unido por los
ideales comunes que sustentan las palmas gran
des que: "Sonos spozi senza nozze, non con la
carne ma con il cuore; cosi si conguingeno gli
astri e i pianeti, non con il corpo ma con la luce,
cosí si accopian gli palmi, non con la radici, ma
con la il vertici".
(Foggazzaro).
 
 
 
 
                                      I

       Cuando voy al suburbio doloroso
yo siento que mi alma estremecida
entona el salmo -cántico tedioso-
que entonan los que sufren en la vida.
       El suburbio es arteria sin reposo.
El suburbio es la llaga, es la herida
de la Urbes Modernas; es el foso
y el abismo mortal y fratricida.
       El suburbio es la copa de veneno
donde fluyen las anónimas tristezas
de todos los que marchan por el cieno.
       El suburbio es muy triste, de tal modo
que su seno no encierra más bellezas
que las flores que nacen en su lodo.
 
                                      II
 
       La luna melancólica, que brilla
como una diosa entre turgente raso,
derrama en el suburbio su plumilla
de luz, cual huella que deja a su paso.
       Y cual virgen que marcha en su barquilla
por el azul del lago, deja un trazo
hasta que llega a la esperada orilla
perdiéndose muy triste en el ocaso.
       Entonces el suburbio es como un muerto
que poseen las sombras misteriosas
en un páramo sombrío, triste y yerto.
       Y en medio del silencio que es oprobio.
en los seres que duermen y en las cosas
la Muerte arroja su fatal microbio.
 
                                      III
 
       El suburbio, es un cáliz de dolores
donde nunca la Diosa Primavera
tiende su manto diáfano de flores
ni su brisa que es ráfaga parlera.
       El verano con todos sus colores
azota el conventillo que es hoguera
donde fermentan todos los furores
que habrán de eclosionar... Nada se espera!
       El otoño es más triste en el suburbio.
Los obreros que sufren de mil modos
aplacan su dolor con vino turbio...
       El invierno es más triste, más sombrio.
Los obreros transformarse en beodos
y ruge el viento "La Canción del Frío".
 
                                      IV
 
       En la noche los perros tristemente
ladran, y sus ladridos dolorosos
parecen una queja largamente
pensada...
                Los ladridos son sollozos.
Hay tristeza que vaga en el ambiente
como un manto sutil.
                Los temblorosos
gemidos de los canes y la gente
se confunden en llantos quejumbrosos.
       Cuando ladran los perros quién no advierte
que vaga por el éter cierta sombra?...
Esa sombra fantástica es la muerte!
       Cuántos lloran las penas más salobres.
La Locura, hermana de la Sombra,
es también fiel hermana de los pobres.
 
                                      V
 
       Cuando veo una turba de chiquillos
correr sucios, jadeantes y haraposos
por los grandes y hediondos conventillos
como perros hambrientos y rabiosos.
       Me parece que veo fúlgidos brillos
en sus ojos profundos y ojerosos...
-Esos chicos más tarde sus cuchillos
forjarán para herir los poderosos-
       Más tarde sufrirán rojos dolores
y esa tropa de niños, ese enjambre,
sabrá lo que es sufrir con los señores.
       Y todas sus grandiosas esperanzas
las verán convertidas en el hambre
que a los pobres arroja a las venganzas.
 
                                      VI
 
       El sol luce sus ampos de mañana
con una roja, luminosa tea
que alumbrará los campos donde humana
turba fuera emprender brutal pelea.
       De la torre, los fieles, la campana
llama con el badajo que golpea:
y a los obreros, doliente caravana,
el humo llama de la chimenea.
       Empieza para el pobre la jornada
que torna el rostro róseo en amarillo
y cada obrero es: bestia cansada.
       Y una bestia cansada es cada obrero
que parece entonar con su martillo
"La Canción formidable del Acero".
 
                                      VII
 
       Y empieza la jornada que es poema,
que es poema de impetus salvajes
y el obrero que sufre y que blasfema
siente el vértigo atroz de los mirajes.
       La fragua purpurina el rostro quema;
las máquinas agitan sus correajes
y en ese movimiento una suprema
fuerza crispa los férreos engranajes.
       Las máquinas emprenden sus faenas
como bestias jadeantes llenas de ira,
sujetas por las lúbricas cadenas. 
       Y en los negros y cóncavos hornillos
se enciende del carbón la roja pira...
y cantan en los yunques los martillos.
 
                                      VIII
 
       Tras un corto descanso los obreros
prosiguen sus labores en la usina.
Las frentes son surcadas por regueros
de sudor. Cada gota cristalina
tiene el brillo fugaz de los aceros
que una chispa de luz rauda ilumina.
       Los semblantes son lívidos y fieros
y en cada faz, cansancio se adivina.
       Cuando el sol se aproxima a su crepúsculo
las campanas golpean su badajo
y el obrero descansa de su músculo.
       Y salen los obreros en cuadriga
lentamente y al paso del trabajo
murmuran la "Canción de la Fatiga".
 
                                      IX
 
       Y van por las calles empedradas,
cabizbajos, muy tristes, silenciosos
como si en las espaldas fatigadas
llevaran una cruz.
                      Los poderosos
brazos cuelgan.
                      Las frentes arrugadas
reflejan el dolor y esos colosos
semejan ser venganzas maniatadas.
       El suburbio se agita. Hay movimiento.
El sol en el crepúsculo se apaga
como un rojo pendón... todo sangriento.
       Ha cesado la bulla en las usinas
Hay mucha sombra que en el éter vaga
y cantan sus fanfarrias las cantinas.
 
                                      X
 
       La cantina! Tus fauces traicioneras
exhalan los más fétidos olores;
tu haces de los borrachos viles fieras,
en ti bebe Caín rojos furores.
       En ti pierden su honor pobres obreras,
tú eres el arma vil de los señores,
en ti se incuban todas las rameras,
en ti se engendran todos los dolores.
       Tú engendras el mendigo del hospicio,
tú engendras la locura en el poeta.
tú clavas en las vírgenes el vicio.
       En ti pierde el vigor toda su savia
y de ti brotará roja saeta
purpúrea como la "Canción de Rabia".
 
                                      XI
 
       El suburbio es un bardo que sus gestas
dolorosas, tremendas, formidables
tienen el resonar de las protestas
en los labios de ilotas miserables.
       Los obreros de grandes, torvas testas
y nervios retorcidos como cables
algún día alzarán frentes enhiestas
y harán caer los tronos execrables.
       Entonces cesará todo gemido,
entonces cesarán todos los llantos
y el pueblo rugirá cual león herido.
       Entonces cada nervio, cada arteria
se agitará, y en los furores santos
se entonará el gran "Salmo a la Miseria".
 
                                      XII
 
       Suburbio! Cuna de futuras razas.
Suburbio! Tú eres pira redentora.
       Tú eres el germen de las amenazas
y el génesis de la futura aurora.
       Tú formarás las atilanas hordas,
tú rugirás al grito prepotente
de los más formidables "Sursum Cordas".
       Tú serás cual las raras paradojas
y tú serás el germinal potente
del gran Fiat Lux: El de las Misas Rojas!
 
12-II-1913
 
José Domingo Gómez Rojas, Rebeldía Lírica (Santiago: Editorial Eleuterio, 2016): 75-82.