Confinamiento

Laverne

Siento que las paredes tocan la espalda con cuchillos sin filo,
y los sonidos que rebotan en el eco de un pensamiento perdido,
arrastran el cerebro hacia oscuros caminos de insomnio,
que el son de la carne de cañón para el terror de las matracas,
aprisionan las entrañas de la confusión de los pensamientos,
siento que aún no puedo oírme en el espanto de los fantasmas,
de las conspiraciones comunistas,
ni siquiera en la desesperación
             de las almas puras de la revolución,
que son conscientes,
en sus cuevas,
de la culpa del confinamiento,
muchos,
intentan buscar un sillón tranquilo
          en medio de la imaginación decretada por el gobierno
                                                                              en las madrugadas,
mientras otros,
parten de la sangre real de mi partida hacia la falsa alegría de la espera infinita de llamadas nunca pensadas para salir a la vida real,
todo esto me empuja,
hacia una fila paranoica en las salas de la desesperación
                                                                            de los hospitales,
o los buses de la contaminación
                 de los supermercados de la acumulación,
ni siquiera puedo abrasar a mis propias entrañas,
ni mi propio reflejo,
que llamo "madre que me parió",
sin ganas pero con amor.
 
 
Los pocos cincos que aún huelen la alucinación de una fiesta libre,
                             en la cristalización del capital de las medidas sanitarias,
                                                     o del alcohol que invade las manos y el alma,
están aprisionados las cuentas de una luz que no apaga las cuestas infinitas por pagar del mes de enero,
el hambre y el miedo,
juegan al juego fatal del suicidio de las cuentas por pagar,
los trabajadores de la virtualidad,
gritan bytes por los cables de la falsa comunicación de la     acumulación de capital,
que obliga una parte del trabajo alienado por la comunidad de estas paredes,
a las ideas de gritar y llorar por memorias pasadas,
y el gobierno,
que ahoga con sus macanas la ganas de brincar en el vacío,
filas, odios, miradas extrañas,
y datos dormidos en las macanas,
cubiertas con escamas de algodón y caras con los ojos salidos como bandidos...
 
los enemigos de clase,
suben al Instagram
fotos del capital circulante,
y maes en grandes estantes,
besando lingotes de la inequidad aberrante,
gritando, furiosos,
sobre los migrantes,
y las medidas agobiantes,
entre todos estos gigantes animados
que les impiden poner sus culos humeantes
                                 en las piscinas rebosantes,
cuando llegan los recados de la humillación,
a tomar sus oscuros rumiantes,
que tornan, potencialmente la situación,
en el terreno de una revolución del suicidio.
 
Al menos perdimos algunos elementos podridos
    mientras la sangre caliente la silla de la ira de clase,
                                                    que, a mi criterio, va a despertar