Cuadros de una exposición

Ave Asán

I
 
Esta es la geografía a la que he tenido acceso:
La pared frente a mi cama
Con cuatro manchas irregulares de distinta índole,
Una sala de tres por cinco
En la que a duras penas mi cocina sirve de atril,
Las postales viejas de Los Andes, San Francisco y París que fueron heredados de mi tío el que migró a la Yunai en los 80s,
El moho que por la pared del patio, lame el cielo
Y el pequeño tragaluz desde el cual las nubes
Escarban en mis ojos unos pequeños pasos 
 
II
 
En la víspera de un esperado suceso,
P. Se resguarda bajo una marioneta poco doblada, con articulaciones no blandas y a medio dejar.
La ventana del frente proyecta con debilidad
Los pequeños pasos que transeúntes cotidianos abandonan en las veredas.
Todavía no son las tres, 
Pero el espectáculo modesto
Del silencio contra el agua
Solo sirve para consolar 
Al Hyundai que yace en el Porche desde hace dos semanas. 
 
III
 
A tan solo dos kilómetros de distancia
una ambulancia se manifiesta un tanto inconforme por las habidas reuniones
que sin parar
trituran el espacio entre mis pies y mi cama.
Quizá sea cierto
lo que tanto se pregona
entre las bocas de vecinos y guardas 
que con justa razón arrojan al cauce
un manojo de lenguas irresistibles,
                                                             indisolubles 
que acaso las ideas tan precozmente concebidas solo tengan como utilidad
un pequeño balbuceo tras la pared. 
Que el nombre sea ahora un mito,
el rumor de un cuchillo que escarba en las grietas del baño
También la mirada, puede ser, 
que ahora solo seleccione, 
con la debida diplomacia, 
las memorias en el moho del frigorífico.