Canción de la muervida

Vicente Huidobro

Mi mano derecha es una
golondrina Mi mano
izquierda es un ciprés
Mi Cabeza por delante es un
señor vivo Y por detrás es un
señor muerto
 
Los muertos han perdido toda confianza
En los cimientos de nuestras casas y de
nuestras lenguas Y aun de nuestros relojes
enrollados en el infinito
Qué podemos decirles
Ellos suben sobre el tejido de la
eternidad Y miran a lo lejos
Atan sólidamente las nubes que están llenas
Tocan la campana del vacío que debe saludar a
los siglos Como un sombrero
Llevan un anillo en cada uno de los cinco
sentidos Y un pájaro en cada cielo
Están desterrados de la tierra y encielados
en el cielo Ellos mondan la corteza de los
siglos
 
Los vivos alargan su ciprés
Para decir buenos días a la
golondrina Se alejan
sonrientes hasta el horizonte
Suben cantando hasta el piso de la muerte
Hablan con una lengua adormecida desde
mucho tiempo Son póstumos como los ecos de
la flor del trueno
Y lo mismo que los perfumes
Llevan su cuerpo como el tallo de un nenúfar
precioso Y no van más lejos que un tiro de
pistola
Cuentan los días con huesos
de frutas Que guardan en
jaulas como pájaros
Cuentan las estrellas y les dan nombres amistosos y
tibios Es preciso no confundir los lechos y no
equivocarse de plato Es preciso cantar como un
nenúfar precioso
 
Un pájaro trina para mil orejas anónimas
Una estrella brilla para mis ojos recién
nacidos El pájaro cambia de día con
una mirada
La estrella deposita la muerte y sigue su camino
 
 
Vicente Huidobro, “Ver y palpar (1941)”, en El Espejo del Agua. Antología esencial, vol. 2, El Barco Ebrio (Bogotá: Editorial Mundo Eólico, 2019), 63-4.