Carta circular de angustia y esperanza

Jorge Debravo

Conozco muchos hombres que parecen
ramillas arrancadas del árbol de la vida;
hojas muertas, lodosas,
nadando en el estanque de la muerte.
Alzan brazos y gritos
como grandes tentáculos de angustia
y se duermen tapados con pedazos de noche.
 
¿Quién viene, hermanos míos, hombres de todo el mundo,
quién viene a levantarlos?
¿Quién desea merecer la medalla inmortal del "muchas gracias"
que será como un árbol en su pecho?
 
¡Los solos, los vencidos, los caídos en tierra, quieren hermanos, madres, de cualquier latitud, de cualquier raza!
 
Piden manos amantes, ojos esperanzados, bodegones
de pan y de ternura...
 
Hombres de todo el mundo: ¡los solos, los caídos, los doblados, os llaman!
 
No les traigáis engaños, ni oraciones, ni rezos,
ni bonos incobrables contra la vida eterna.
 
Traedles pan, amor, canciones, lechos, casas, tierras, hachas, semillas,
y pronto los veréis avanzar con vosotros cantando el mismo canto,
sonando el mismo cuerno,
marcando el mismo paso.
 
Y la tierna sonrisa de los hombres
se hará una cruz de oro en vuestro pecho.
 
 
Jorge Debravo, "Nosotros los hombres" en Obra Poética (San José: Editorial Costa Rica, 2012), 235-6.